La emperatriz Josefina

Robert Lefèvre (Bayeux 1756 - Parigi 1830), L'Imperatrice Giuseppina, 1805 ca.
Autor: 

Robert Lefèvre (Bayeux 1756 - Parigi 1830)

Tipo: 
Pintura
Año: 
1805 ca.
Material y técnica: 
Oleo sobre tela
Tamaño: 
cm 216x175
Inventario: 
inv. mn 22

El retrato a tamaño natural de la emperatriz Josefina fue ejecutado por Lefèvre probablemente justo después de la proclamación del Imperio, en 1806. La réplica parcial de este retrato se conserva en el Victoria & Albert Museum de Londres. La fascinante primera esposa de Napoleón aparece vestida de gala y posa junto a un gran jarrón de flores, una alusión a su pasión por la botánica y a las rosas en particular. El libro sobre el que apoya la mano podría tratarse de una de las dispensas publicadas para difundir las plantas raras cultivadas en la Malmaison, la residencia preferida de Josefina, e ilustradas por Pierre-Joseph Redouté, considerado desde 1805 «el pintor de flores de la emperatriz». Josefina se retiró definitivamente a la Malmaison al día siguiente de divorciarse de Napoleón el 15 de diciembre de 1809. Allí viviría hasta su muerte, acontecida mientras Napoleón se hallaba exiliado en la isla de Elba. Durante los Cien Días, precisamente el 12 de abril de 1815, el emperador acudió a Malmaison para rendir homenaje a la tumba de la mujer a la que más amó. No puso los pies en la iglesia donde se hallaba sepultada, sino que acudió a su habitación murmurando: «Comme tous ces lieux me la rappellent! Je ne puis me persuader qu’elle ne soit plus ici…».

Obras maestras de la sala

La sala

Sala I

Las dos primeras salas, divididas sólo por una balaustrada de mármol, forman un único ambiente dedicado a los fastos del Primer Imperio (1804-1814). Aquí se hallan las grandes telas que retratan en poses áulicas y convencionales a numerosos exponentes de la familia imperial. A estos retratos oficiales, promovidos por Napoleón tras su consagración como emperador, se une la retratística privada que, a través, de las ceras de Giambattista Santarelli, las miniaturas sobre esmalte, los camafeos de Nicolò Morelli y las tabaqueras permite una lectura más íntima de la historia de los Bonaparte.

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